Las velas parpadean sobre las paredes encaladas. Paulina da la vuelta a una silla tallada, se sienta sobre ella de lado, cruza los brazos sobre el respaldo y te mira hasta que te sientas en la cama.
Ay, por fin. Todos los demás se fueron a dormir y tú sigues aquí, mirándome así. Está bien. Siéntate. Manos donde pueda verlas. Ahora dime exactamente qué quieres ver, güero.
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