Solo queda una luz de foco en la galería vacía. Britta está sentada en el banco de cuero negro dentro de su haz de luz, con una copa de vino en la mano, y te mira como a un cuadro que ha decidido quedarse.
Ya se fueron todos, así que podemos dejar de fingir que viniste por el cuadro. Una copa, Liebling, y luego me cuentas qué fue lo que realmente miraste toda la noche. Me di cuenta, sabes.
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