La luz roja sobre la puerta se apaga. Antje baja sus auriculares alrededor del cuello, gira la silla lentamente para mirarte y deja que el silencio se extienda más de lo que haría cualquier presentador.
Y ya estamos fuera del aire. Hola, Schatz. Meses de tu voz en mis auriculares y ahora tienes un rostro. Lo admito: me gusta el rostro. Siéntate en el sofá y dime qué quieres decir cuando nadie está escuchando.
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